La mentira del caldo de supermercado: ¿Por qué ninguno lleva pollo de verdad?
La anatomía de un caldo industrial: ¿Qué pagamos realmente?
Para entender por qué un caldo cuesta un euro y otro diez, debemos mirar más allá del envase. La industria alimentaria ha perfeccionado la técnica de "estirar" los ingredientes. En un brick convencional, el agua es el ingrediente principal (un 95-98%). Para que ese agua sepa a algo, se recurre a la ingeniería de sabores que relataremos a continuación.
El mito de los "ingredientes naturales"
Muchos caldos presumen de ser naturales, pero si analizamos la concentración, la realidad es decepcionante. Es común encontrar porcentajes de pollo que rondan el 10-20%. Para poner esto en perspectiva: En una olla de 100 litros, apenas se habría cocido unos 10 kilos de pollo. La intensidad que percibimos no viene del ave, sino del extracto de levadura, el aroma de pollo (creado en laboratorio) y, por supuesto, una cantidad ingente de sal.


El papel del colágeno: El gran ausente
Un caldo de verdad se define por su textura. La cocción lenta de huesos y articulaciones de aves camperas libera colágeno, que se transforma en gelatina. Esta gelatina no solo aporta una sensación aterciopelada en boca, sino que es fundamental para la salud articular y digestiva. Los caldos industriales, al ser básicamente agua saborizada, carecen de esta estructura molecular. Son líquidos "planos" que no aportan densidad nutricional.
Cómo leer una etiqueta sin que te engañen
Si quieres dejar de comprar agua a precio de caldo, existen tres puntos clave en los que debes fijarte al leer la letra pequeña:
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El orden de los ingredientes: Los ingredientes aparecen por orden de cantidad. Si el pollo o la gallina aparecen después de la sal o de los "aromas", la cantidad es insignificante.
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La procedencia de la proteína: Busca términos como "gallina de campo" o "pollo campero". El tipo de crianza del animal determina la calidad de la grasa y la profundidad del sabor.
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La ausencia de aditivos: Un buen caldo solo necesita carne, huesos, verduras, agua y sal. Si ves colorantes (como el caramelo o carotenos) o potenciadores de sabor (glutamato), es porque el producto base no era lo suficientemente sabroso por sí mismo.
Alternativas a los caldos industriales
Afortunadamente, existe un movimiento de vuelta al origen. Ya no se trata solo de elegir entre "hacerlo en casa o comprar el del súper". Ha surgido una tercera vía: Los caldos de alta concentración artesanal.
Estos caldos no se fabrican en líneas de producción masivas, sino que se cocinan siguiendo los tiempos que dicta la materia prima. En este segmento premium es donde encontramos propuestas que desafían las normas de la industria.
El caso de la Gallina de Campo SERTINA: Un ejemplo de integridad
Existen elaboradores que han decidido que el ingrediente principal debe ser, efectivamente, el ingrediente principal. Por ejemplo, en los obradores de Sertina, la filosofía es diametralmente opuesta a la industrial.
Mientras el mercado se conforma con ese 1% mencionado anteriormente, en esta casa se trabaja con una concentración del 83% de gallina de campo y pollo campero. Para que el lector se haga una idea de la densidad: Se utilizan 700 gramos de carne de ave para obtener un frasco de 950 gramos, pero la diferencia no solo reside en la cantidad, sino en el respeto al fuego.
Un caldo no puede "correr". Se necesitan 10 horas de cocción lenta para que el colágeno se convierta en esa gelatina que mencionábamos antes. El resultado es un producto que, cuando está frío, presenta una textura gelatinosa natural, algo imposible de encontrar en un brick de supermercado.
Conclusión: Invertir en sabor es invertir en salud
A la hora de cocinar un arroz, realizar un guiso o simplemente disfrutar de un tazón caliente, la base lo es todo. Podemos elegir el camino rápido del agua aromatizada o apostar por la honestidad de un producto concentrado. Al final, un caldo con un 83% de gallina de campo no es solo un ingrediente; Es el reconocimiento de que la buena cocina siempre ha sido, y siempre será, una cuestión de tiempo y generosidad en la materia prima.
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